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La rueda de la fortuna me marea de solo mirarla, recuerdo un par de veces haberme subido en ella cuando pequeña, y no puedo recordar una sensación mas horrible que la de mis pies flotando sobre aquella pieza de metal que tambaleaba, nunca desee mas poner mis pies sobre la tierra, amo ese anclaje, esa seguridad, cerraba los ojos, y aun así ese aire que golpeaba mi cara me hacia sentir indefensa ante tanta inmensidad, cerrar los ojos podía ser huir o buscar otro camino, cierro los ojos y aun veo.
Varios años después me subi a un kayak en las playas de la quinta región, era una rara sensación mirar aquella inmensidad azul que había intentado tragarme un par de veces antes y que en aquel día volvía a probar suerte, pero la sola compañía de sus ojos me hacia sentir un poco mas segura. Mirar el mar me hacia valorar mi suerte, que indefensa me sentía, la naturaleza tiene esa magia de hacerte desaparecer, solo eres uno mas para ella, no necesitas palabras, no hay marcas, dinero, ni mentiras, tu suerte la cambia el viento y tu solo debes dejarte llevar por el movimiento que este provoca en sus olas. Remar para el mismo lado movía el kayak, el viento golpeaba mi cara y yo volvía a sentirme pequeña.
amo poder caminar lentamente y observar, que mis pies sientan la tierra, las piedras, sentirme segura y desde allí mirar el cielo, el mar, sentir el viento, mirar desde la tierra , cerrar los ojos...porque mis pies siempre buscan el suelo.