viernes, 8 de mayo de 2009

sólo sucedió...

Y no recuerdo como fue que comencé a hablarlo, ni quien hablo a quien, tampoco recuerdo como comencé a extrañarlo ni a quererlo, pero sólo sucedió.
Recuerdo que en lejanía imaginaba sus colores una y otra vez, a sus palabras le ponía sonidos, trataba de asociarlo a lo que escribía, a lo que retrataba, trataba de imaginarlo fuera del abecedario, del diccionario.
En cercanía era inteligente a mi cabeza, melódico a mis oídos, agradable a mis ojos, suave a mi piel, imborrable a mis recuerdos, dulce a mis sabores, pesado a mis creencias.
Recuerdo su olor, ese que se impregnaba en mi piel, las palabras duras que me golpeaban y aún lo hacen, pero me gusta, sus ojos con un toque de tristeza inspeccionándolo todo, sus labios tibios quitandome el aliento, sus brazos que me contenían, el calor que me regalaba o le robaba, sus palabras cuestinándome y sus colores que no eran muy distintos a los que había imaginado.
Y lo fui queriendo poquito a poquito, como no quererlo, si armoniza mi cabeza y mis latidos, nunca había sentido algo parecido, en realidad nunca un sentimiento se parece a otro y es una tontería querer sentir lo mismo, ud pongale el nombre que quiera al sentimiento, que para mi el nombre es lo de menos, mientras yo lo quiero...

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