domingo, 24 de mayo de 2009

Querido NN.


Te escribo para contarte que estoy bastante bien, mi vida ha cambiado lo que cambiaría la vida de alguien que lleva casi 20 años en la cárcel, entenderás que sigo siendo la misma de siempre,sólo que como más y duermo menos, pienso la misma cantidad de siempre y escribo en una cantidad proporcional, camino menos porque ya he recorrido bastante y he empezado a sentir dolor, sigo teniendo el mismo mal ojo para querer y mi ortografía sigue siendo un asco.
He leído tus cartas varias veces, trato de encontrar algo que me diga que te has derretido un poco, pero me he dado cuenta, que aún sigues viviendo dentro de tu refrigerador.
La última vez que te vi, no tuve la oportunidad de hablarte, pues el que habló fuiste tú y como tus palabras suelen ser un poco frias, invisibles, incoloras, intangibles e insoportables, no se me ocurrió nada mejor que escribirte esta carta, que dice así:

Tienes una ortografía impecable, eso nadie lo discute,
tus palabras son rebuscadas y poco más de la mitad de la población las entendería,
tienes una forma de hablar a la que le daría un 10 si se trata de fruncirse,
conoces de historia, arte, política, fútbol, física, química, biología , economía, lees partituras
y hasta lees la biblia. Cada vez que puedes fanfarroneas y no dejas hablar a nadie.
Trabajas sin parar, casi no descansas (muy valorable), lees el periódico, vas al gimnasio, comes saludable, vives solo y hasta tienes las mejillas coloradas.

Pero tienes un detalle y es ese el que realmente me importa. (por lo menos a mi)

Tus palabras no tienen calor, no tienes melodía en la voz,
tus palabras no me llaman la atención,
sepas lo que sepas, escribas lo que escribas y digas lo que digas,
tus palabras me entran por un oído y me salen por el otro,
no hay nada en ellas que haga que las recuerde,
son frías, típicas de diccionario, repensadas y muy rebuscadas, todo para remarcar el "status"...
pero sabes ,que a pesar de todo lo que sabes, jamás podrás crear una poesía, una canción y menos una carta de amor...

PD: Tienes algo a tu favor...

sabes copiar bastante bien poesías y ponerle tu nombre, eso es muy valorable también...



Con cariño
Camila :(




Copiapó, 24 de Mayo.

viernes, 22 de mayo de 2009

Nunca te vayas sin decir te quiero....

 *

De mirada dura, terco, orgulloso, silencioso,de cicatrices múltiples por años de trabajar en el ferrocarril, pero más que las físicas, eran las internas las que más marcadas estaban, frío con todos, siempre con el ceño fruncido. Así era el negro, pero con ella era distinto, de alguna manera lo conmovía, le llenaba la mirada, observaba cada paso que daba, cada pequeño error, cada palabra, aprovechaba las pocas horas que podía tenerla cerca...

"Bandida" le decía, los meses del año que no la tenía cerca, llamaba por teléfono 1 día a la semana para preguntar por ella, siempre los domingos, cercano a las 3 de la tarde, porque sabía que estarían comiendo los 3 juntos y escucharían el teléfono, fue así como se entero que habían atropellado al padre de la muchacha, apenas supo, viajo para cuidarla, para esos días creo que ella tenía 3 años, el accidente fue muy grave, la madre debía estar en el hospital y en la ciudad en la que vivían no conocían a nadie, pues toda su familia estaba en Illapel.
Aunque sólo compartieron algo más de 12 meses en 15 años, había algo especial que los unía, mucho más que las letras del apellido, se amaban, y eso se veía en cada tímido gesto, (algunos dicen que la sangre tira, pero la verdad yo no creo para nada en eso, pues tengo una familia inmensa y ninguno se acuerda de mi existencia, si yo no voy a visitarlos o los llamo, pues no existo).

El negro era bueno para tomar, siguió un ritmo constante por bastantes años, tomaba como ferrocarrilero - esa frase le daba justo en el clavo -. Tenía miles de historias para contar, miles de pesos menos, varias muchachas (que ahora no lo son taaanto) que recordaran su nombre y su esposa que de seguro recordará el nombre de cada muchacha, pues en un pueblo chico como Illapel todo se sabe...

..yo la verdad es que soy bien mala para los abrazos, los besos y los te quiero, con los años y los golpes me he ablandado como membrillo colegial, quizás ahora me cuesta menos decir te quiero o te amo cuando este corresponda. Mi abuelo me lo decía cada vez que podía y que viniera de aquel viejo rudo y terco, era porque de verdad lo sentía. Él me lo decía y nunca fui capaz de contestarle, la verdad es que no sólo lo quería, lo amaba, pero ese miedo acumulado de años de rechazo y soledad, me cortaba las palabras, les quitaba calor, ese miedo que se localiza en la lengua, no en el corazón, ese miedo no me lo permitió...

La salud del negro venía deteriorándose desde algunos meses, sentía mucho dolor, y como viejo bruto no quería ir al doctor, así pasaban y pasaban los días, hasta que uno de esos días se puso tan mal que tuvieron que llevarlo obligado al hospital (creo que esa actitud se hereda), cirrosis le detectaron, los años de fiestas le estaban pasando la cuenta... Los padres de la muchacha fueron a visitarlo, ella no podía pues estaba "vacaciones en la playa con unos amigos" (es ahí donde las historias se entrelazan) , así pasaron varios días, hasta que el 14 de noviembre (día en que la muchacha cumplía los 15) recibió una llamada de su padre, no para decirle feliz cumpleaños sino para contarle que el negro había muerto. Si la hubiesen visto, estaba pálida (más de lo normal), de su boca no salía ni una palabra y de sus ojos ni una lágrima, bastante extraño en ella, porque si se trata de hablar y llorar, yo le daría el primer lugar, hasta sus dolores se le habían olvidado, tomó un bolso, echó algo de ropa, y corrió a tomar un bus, no podía creerlo, el negro se había ido y ella no estaba ahí para decirle ese Te quiero que aprendió de su mirada, de cuando la recogía del suelo y le limpiaba las rodillas, de esas naranjas que cortaba del árbol, de ese brasero con azúcar o de esos paseos a caballo que le daba.
Hasta el día de hoy lleva esa mochila en la espalda, yo supongo que esa es una de las razones por las que tapiza de "te quieros" a su abuela, a sus padres, a sus hermanas , a sus sobrinos, y a uno que otro amigo, es que me ha dicho que prefiere un desprecio o quizás un esquivo "yo también" , pero nunca más el dolor de irse sin decir Te quiero...

domingo, 17 de mayo de 2009

Palabras agridulces...

Desde pequeña he sido susceptible a las palabras, siempre preferí los golpes o los castigos, antes de oír cualquier discurso lleno de insultos y humillaciones disfrazadas.
Cada cierto tiempo nacían palabras llenas de arrepentimientos, que nunca fueron dichas cuando era preciso, palabras que ahora sonaban sin sentido, pero ese mismo sin sentido dejaba un sabor amargo.
Vivo de palabras, construyo realidades, trabajo con palabras y a la vez trato de protegerme de ellas, les temo y bastante, incluso mucho más de lo que le temo a la Smith & Wesson de un amigo.
Palabras que destruyen mis edificios, y cuestionan mis cimientos, mis sentimientos, palabras agridulces, amargas, pasadas a la sal, vencidas, nunca dulces, siempre con un pero, con un toque de duda, de arrepentimiento o indiferencia.
Palabras que no se lleva el viento...

jueves, 14 de mayo de 2009

tantas palabras y sólo dos bastarían...

y sólo dos palabras bastaran para sanar,
pero si las dices tú, tres no me vienen mal...


En un sonido que intento no se pierda entre los ruidos,
en unas teclas que ya suenan a melodía,
en lineas y lineas escritas con la ayuda de una lapicera que tratan de expresar emociones fuera de ese diccionario lleno de significados, que para mi no significan,
en unos poemas de Benedetti que releo, pero que preferiría escuchar,
en mis 6 cuerdas ya desafinadas y mi nudo en la garganta que sigue ahí, creando canciones que canto porque sus palabras no me atrevo a decir, (canciones que se convierten en escudo, termo de agua caliente, chaleco antibalas, guatero, migranol, mochila, inyección para el dolor, afinador, archivador, cámara fotográfica, cepillo de dientes, zapatillas, pelota, banda sonora de mi vida, lentes, shampoo, recuerdos, cuadernos, cables y frazadas)
en mi cabeza dando vueltas,
en mi agenda llena de palabras y bocetos que describen utopías, sueños y una que otra realidad,
en mi mp3 que me anestesia llenando mi cabeza de sonidos,
en mi blog en el que escribo mis escalofríos, mis hipotermias, uno que otro trocito de calor que añoro, mis ausencias que no se ausentan, mis amores que no aman, pero que amo con ese amor que duele y espera, siempre espera, mis cicatrices intactas al tiempo y mis esperanzas que esperan y esperan...

sábado, 9 de mayo de 2009

Esa culpa por hacer y no hacer...

Desde mis ojos fluyeron todo tipo de sensaciones y emociones que zapateaban por todo mi cuerpo, rabia, asco, desilusión, pena, compasión, me inundaban al ver a ese ser tirado en la calle, bañado en alcohol, sin poder levantarse, decadente, casi inconsciente, patético, quería mirar y sólo pasar por el lado como lo hicieron todos los que pasaron antes de las 8 de la mañana, pero no, siempre siento que debo hacer algo, decir algo, es que existen días en que odio esa culpabilidad por no hacer nada, ese altruismo, o esa simple estupidez, no se como llamarlo. El punto es que ayudar la mayoría de las veces me trae problemas, ese día iba caminando a la Universidad, recién había salido de mi casa, cuando me lo encuentro tirado en plena calle, me demoré más de 30 min en poder despertarlo, luego tuve que cargarlo por varias cuadras, aunque más que cargarlo lo arrastraba, por un momento di gracias a que vivía cerca de mi casa. Cuando ya podía ponerse en pie, lo dejé en su casa, toqué el timbre, y cuando salió su madre, me trato horrible y me termino casi culpando, como si hubiese sido yo quien lo hubiera obligado a tomar, ese es el PAGO DE CHILE, por decirlo así, porque no esperaba que me diera las gracias, pero tampoco esperaba que me insultara.
Si yo debería haber pasado por el lado, como todos, habría llegado a la hora a mi prueba y no me hubiera ganado un 2, todo unido a los insultos disfrazados que me regaló su mamá.
Detenerme la mayoría de las veces me causa algún tipo de problema, pero no puedo dejar de hacerlo, es que no puedo sólo mirar, me desespera el no poder hacer algo, por mínimo que sea, esa culpa por hacer y por no hacer...

Ella y su extraña preocupación por mi...

Y los últimos días, escapaba de verla, sentía miedo, miedo a verla mal, la vi un par de veces en su cama, ya descuidada por el alzheimer, la mayoría de su cabello se había caído y el que quedaba ya no tenia ni un atisbo de ese color cobrizo de hace un par de meses, no conservaba su placa lo que hacia ver su cara mucho mas delgada, de una manera que me producía escalofríos, sus ojos ya no brillaban y tenían una telita celeste, su voz casi no se escuchaba y sonaba rasposa.
Recuerdo uno de los sábados que fui con mamá a visitarla, yo me iba directo al piano que había en su casa, trataba de esconderme tras las teclas y los sonidos, quería no pensar,tenia miedo. Pero ese día me llamo, quería hablarme, me recordó, no se por qué razón, fue extraño porque que soy fácil de olvidar, nadie me recuerda. Yo no quería acudir a su llamado, pero mamá me obligó, verla como me llamaba con su delgada mano me angustiaba, sentía tanto miedo, miedo de no verla nunca más, miedo a ella, una sensación que aún se anuda en mi garganta cuando la pienso.
yo sabia que no viviría mucho más pues ya tenia 94 años, pero no soportaba la idea, de alguna manera la necesitaba, me aferraba a esa figura delgada, de chalecos largos y lentes grandes, necesitaba sus retos, esa rutina de ordenar sus botones y medir dedales de mostacilla, extrañaba su dura mirada, despreciándome, pero a la vez enseñándome a trabajar. Salí huyendo, no lo soportaba, quería recordarla en su negocio, con sus lentes haciendo como que leía el periódico, pero a la vez, mirándome por encima de sus anteojos. A pesar de que nunca vi una gesto de cariño de la tía Zahira (como me hacia llamarla mamá porque no era tía mía) la extraño, extraño esa preocupación por mi, que era la de un gendarme a un preso, pero preocupación al fin y al cabo...

viernes, 8 de mayo de 2009

sólo sucedió...

Y no recuerdo como fue que comencé a hablarlo, ni quien hablo a quien, tampoco recuerdo como comencé a extrañarlo ni a quererlo, pero sólo sucedió.
Recuerdo que en lejanía imaginaba sus colores una y otra vez, a sus palabras le ponía sonidos, trataba de asociarlo a lo que escribía, a lo que retrataba, trataba de imaginarlo fuera del abecedario, del diccionario.
En cercanía era inteligente a mi cabeza, melódico a mis oídos, agradable a mis ojos, suave a mi piel, imborrable a mis recuerdos, dulce a mis sabores, pesado a mis creencias.
Recuerdo su olor, ese que se impregnaba en mi piel, las palabras duras que me golpeaban y aún lo hacen, pero me gusta, sus ojos con un toque de tristeza inspeccionándolo todo, sus labios tibios quitandome el aliento, sus brazos que me contenían, el calor que me regalaba o le robaba, sus palabras cuestinándome y sus colores que no eran muy distintos a los que había imaginado.
Y lo fui queriendo poquito a poquito, como no quererlo, si armoniza mi cabeza y mis latidos, nunca había sentido algo parecido, en realidad nunca un sentimiento se parece a otro y es una tontería querer sentir lo mismo, ud pongale el nombre que quiera al sentimiento, que para mi el nombre es lo de menos, mientras yo lo quiero...