Doy gracias por abrir mis 2 ventanas pero aveces no quisiera ver ciertas cosas, me cuesta pararme de mi cajón es como si mi envase pesara mas de lo normal, me baño, me escondo tras mis harapos, recojo mi bolso, corro para tomar el micro que pasa justo a las 7:15, si me demoro un minuto tengo que esperar 15 minutos más y ya no llego a la hora, veo las mismas caras, hasta me siento cómoda con el olor a petróleo, acuarela de perfumes y transpiración.
me bajo una cuadra antes sólo para caminar un poco, cruzo la carretera para evitarme una pasarela sin sentido que mas que dar ayuda, quita tiempo, corro otra vez, entro a la UDA ,llego a mi sala, me siento al final para observar a mis compañeros, escucho la clase, escribo, escribo, pienso y pienso ciento de cosas, termino mi clase, me siento en el patio, busco a mis 5 amigos, hablo de los 7 pelos de sobra que tiene el gato de la vecina, que por cierto trabaja toda la noche en su casa (sólo descansa los martes) los gemidos y al reguetón ya suenan a canción de cuna, -me recuerda mucho a una historia de Hernán Rivera Letelier, claro que en otro tiempo y espacio- , vuelvo a mis clases, escucho, opino para mi, pienso, parpadeo , imagino, escribo y dibujo pensamientos, cosas oníricas, quizás un poco utópicas o tal vez reales, aveces esa línea es un poco delgada para mi. Termino mis clases, tomo el micro de letrero azul, la misma ruta de siempre, los distintos minutos pero la misma cantidad, distintas caras (a esa hora ya hay diferencia, en la mañana siempre son los mismos) llego a mi casa, saludo a mi kitty, prendo mi archivador de recuerdos, me conecto a la vida, me acerco a las personas que quiero, las leo, las miro, aveces las escucho, las extraño, las añoro y me anestesio, trato de no pensar, pero siempre vuelvo a extrañar, digo te quiero aunque nadie me conteste, aveces escribo y nadie lee más allá, caliento mi comida o aveces la cocino, como sólo cuando tengo mucho hambre porque no me gusta comer sola, apago mi archivador, con mis 6 cuerdas y mi nudo en la garganta armonizo mi cabeza, salgo a caminar, trato de no pensar otra vez, saludo a la abuelita María que siempre se sienta a las 6 en punto a tomar mate en la puerta de su casa, me regala una sonrisa y tal vez una historia ( sonrisa que voy a buscar, me hace falta ), sigo caminando me siento a mirar como todo sigue su camino, vuelvo a mi caja de cartón, me baño, me pongo mi pijama o aveces una polera que me regalaron, me trae recuerdos, me gustan esos recuerdos, me acercan, me acuesto, apago la luz, actualizo pensamientos, pero me demoro bastante para poder apagar mi cabeza, duermo 4 horas en promedio cada noche, a veces más a veces menos, y empiezo la misma rutina, con otro sabor, otro olor, tal vez otro color…
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